En microdosificación, el producto que se queda en el cono de la jeringa es producto perdido. El diseño de bajo espacio muerto reduce ese residuo al mínimo, y en tratamientos con viales caros eso se traduce en más pacientes por frasco.
La escala tricolor evita el cálculo mental a pie de camilla: cada graduación tiene su propio color, de modo que la dosis se lee de un vistazo y se repite igual en la siguiente sesión.